Traducir con Indesign

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No sólo el mundo de la traducción evoluciona sino también el sector de la informática o del diseño. De los programas que hace diez años se utilizaban para crear folletos o presentaciones la mayoría han desaparecido. Últimamente, el programa que se lleva los favores de los maquetistas es sin lugar a duda Indesign, un programa que recuerda Word pero con infinitas de opciones para colocar imágenes, dar formato al texto, en fin maquetar al detalle antes de enviar a imprenta. Por este motivo, un número creciente de clientes nos encargan directamente sus maquetas hechas con Indesign para que las traduzcamos a otro idioma y así ahorrarse el tiempo perdido en volver a pegar el texto desde Word al software de diseño, con el agravante que un error de manipulación puede resultar fatal. Para el traductor Indesign representa un reto porque es más difícil de manejar que el bien conocido Word pero como decíamos no hay otra opción que adaptarse al mercado si uno no quiero morir en el intento. El mayor inconveniente es que se tiene que exportar el documento final a PDF para poder pasar el corrector, pero es un inconveniente menor. Además, hay una ventaja nada despreciable: se pueden exportar los archivos en formato IDML y traducir desde el programa de memoria de traducción Trados, muy utilizado por la mayoría de traductores. Se traduce desde el software Trados, que permite almacenar frases o segmentos ya traducidos y que se van repitiendo, y luego una vez guardada la traducción en formato IDML se vuelve a importar desde Indesign y todo el formato queda intacto. Por lo tanto Indesign ha sabido adaptarse él también a los formatos de otros entornos profesionales para más agilidad, un punto a su favor.

Veremos que se va utilizando cada vez más Indesign para traducir presentaciones relegando Word a textos sencillos que no requieren la etapa de impresión. En Open Idiomes llevamos años traduciendo con Indesign y ofrecemos servicio de post edición antes de enviar las maquetas a imprenta.

Más información en:

http://www.open-idiomes.es/sectores-de-actividad.html

 

 

¿Cómo se cobra una traducción?

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El trabajo de traductor, como cualquier otro, pretende cobrar su servicio por el tiempo empleado. Cuando más dedicación para un texto, sea por razón de dificultad del lenguaje o por un diseño algo complejo, más caro resultará el precio final. Algo lógico, ¡vamos! No es lo mismo pintar una habitación cuadrada de 20 m2 que otra de 40 m2 con cenefas. Pero ¿cómo se podría demostrar el tiempo que invertimos en traducir al cliente final?

Bien es cierto que hace años algunas agencias cobraban por línea, de ahí mucha controversia porque ¿cuántas palabras hay en un línea? Un dilema de difícil solución. Por lo tanto, poco a poco se ha establecido el criterio utilizado por todos hoy en día: el precio por palabra. Para el cliente eso supone una venta dado que puede contabilizar la cantidad traducida y contrastar con el volumen que consta en la factura. La única diferencia entre unas empresas de traducciones y otras es que algunas cobran por palabra de texto de origen y otras por palabra traducida. Hay poca diferencia al final excepto en algunas combinaciones como entre el castellano y el alemán, por ejemplo, donde hay un desvío de un 20% final, según si es al castellano o al alemán. Open Idiomes cobra por palabras traducidas porque representa el trabajo realmente hecho, es más lógico en sí.

A este precio por palabra algunos traductores o agencias añaden un plus, que puede variar entre un 10% y un 50% según la dificultad del texto, el diseño del texto de origen (cuando hay texto incrustado por ejemplo) o sobre todo en caso de urgencia o de trabajo de fin de semana. Algún incremento se puede justificar, otros menos. En Open Idiomes no añadimos ningún plus a nuestros precios, fijamos un precio redondo sin más. Lo que sí hacemos son descuentos al precio unitario según el volumen. No es lo mismo un encargo de 5000 palabras que otro de 50.000, evidentemente.

Cabe señalar una excepción a esta tarifa por palabra, en el caso de las traducciones juradas que suelen cobrarse por documentos cuando se tratan de certificados, hojas de una sola página. Cuando son documentos más extensos (actas de empresas, escrituras..) el precio vuelve a ser por palabra, aunque más caro al tratarse de traducciones oficiales.

En resumen, las traducciones se suelen cobrar por palabra pero ¡ojo a las sorpresas! Pida siempre un presupuesto antes de encargar un trabajo para evitar sorpresas, y no ver un plus añadido a un precio unitario que a veces resulta demasiado tentador. Si trabaja con Open Idiomes no tendrás malas sorpresas en este sentido.

Quiero una traducción sin errores

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Cada traductor profesional se esfuerza al máximo para entregar un trabajo de calidad, es lo que suelen exigir las empresas de traducciones a sus empleados y/o colaboradores externos. Se revisan los trabajos, siempre y cuando el cliente nos deja el tiempo requerido, y se verifica la terminología técnica. Uno de los principales errores que puede incurrir un traductor es equivocarse de término técnico, aún pensando que no está nada equivocado. Por ejemplo en el ámbito médico una mala traducción podría causar un diagnóstico erróneo y ser muy perjudicial, o también en el ámbito químico un desliz en una ficha de seguridad puede llevar a consecuencias dramáticas. Por lo tanto siempre se tiene que llevar a cabo una revisión exhaustiva, tal y como lo hacemos en nuestro proceso en Open Idiomes. Un buen traductor con experiencia nunca incurrirá en un error de tipo “falso amigo” por falta de dominio de la lengua original. Entre el español y el inglés, por ejemplo, hay muchísimos falsos amigos que parecen decir algo pero que tienen otro significado. Para volver al dominio de la medicina estamos con un mundo profesional que tiene su propia jerga y el traductor debe tener experiencia suficiente para conocerla y dominarla. Es importante si se quiere conseguir una lectura que fluya. Conviene también traducir adecuadamente los acrónimos y las abreviaturas, muy habituales en el campo científico, exigen rigor en la traducción y búsqueda del organismo en concreto y de cómo se expresa en el idioma a traducir.

Como lo podemos ver cada texto y cada idioma tienen sus propias trampas lingüísticas, dificultad, rigor exigido…que obligan a seleccionar al traductor más cualificado según el texto a traducir. A lo largo de su experiencia cada traductor se siente más cómodo con ciertos campos de especialización y una buena agencia de traducciones debe seleccionar a sus profesionales según sus necesidades y según la especificidad de los textos de sus clientes.

Una traducción sin errores no es difícil pero exige rigor en la selección del traductor y planificación en cuanto a revisión para ajustarse a los plazos de entrega de los clientes.

 Más información en: http://www.open-idiomes.es

Quiero revisar mi traducción

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El mundo competitivo de hoy en día obliga a las empresas modernas a ofrecer un servicio óptimo, de la más alta calidad. En el sector de las traducciones eso supone entregar traducciones realizadas por traductores profesionales, nativos y viviendo en el país de su lengua materna (a la que traducen) para no perder nada del léxico y de las estructuras a lo largo de los años. Sin embargo, el error es humano y conviene que otro traductor o el gestor de proyectos revise las traducciones para asegurarse que no contienen errores y que respeten el libro de estilo de cada cliente.

La revisión es, de hecho, la última etapa, antes de entregar el trabajo al cliente. El trabajo de revisión como decíamos no significa que el traductor no esté capacitado sino que nos aseguramos que no queda ninguna omisión, ningún error de tipografía que el ojo de traductor no hubiera visto. Ya se sabe que el ojo que lee un mismo texto durante muchas horas engaña a veces.

Se tratará pues de corregir errores de estilo, de coherencia, de semántica, de ortografía, de puntuación y como decíamos de tipografía.

Siempre se seguirá el manual de estilo del cliente, porque cada empresa tiene sus preferencias léxicas o gráficas (tipo de letra, mayúsculas..) en cuanto a vocabulario utilizado, y conviene respetarlo para ofrecer un servicio de alta calidad.

En Open Idiomes revisamos las traducciones que entregamos puntualmente a nuestros clientes, más de veinte años avalan nuestra calidad.

Más información en: http://www.open-idiomes.es/

¿Traducir al inglés británico o americano?

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A la hora de encargarnos un pedido al inglés muchos de nuestros clientes no especifican si lo quieren en inglés UK o US. Solemos interpretarlo que lo necesitan para el mercado británico que es, para nosotros, lo más habitual. Sin embargo, a veces, se especifica lengua de destino como inglés norteamericano cuando el texto va para Estados Unidos o Canadá. Es importante porque el inglés de un lado u otro del “charco” es diferente en algunos aspectos, veamos cuáles son:

A nivel ortográfico el inglés americano utiliza menos letras a veces (color en vez de colour) y se utilizan mucho más la Z (specialize en vez de specialise en Inglaterra).

A nivel terminológico también existen diferencias, y no sólo la jerga. Por eso es importante conocer el mercado de destino para entregar una buena redacción y evitar malentendidos o, peor aún, falsos amigos comprometedores. En Estados Unidos se dice trouser y no pants como en el Reino Unido, el metro se dice tub y no metropolitan, el taxi se llama Cab y no taxi. Esas palabras cotidianas son importantes si se traduce un cuestionario para un estudio de mercado, una palabra mal interpretada obligaría a repetir el estudio con el consecuente gasto que supone. También la sintaxis difiere un poco cuando se trata de redacción más densa, de la misma manera que el español de suramérica para nosotros.

Sería muy desagradable para un lector de lengua inglesa tener que leer un texto con vocabulario diferente al suyo, teniendo que interpretar constantemente el significado. Por eso recomendamos a nuestros clientes que siempre nos especifiquen qué tipo de inglés quieren traducido, si el británico, lo más habitual repito, o el americano.

Más información en: www.open-idiomes.es

Diferencia entre traducción e interpretación

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Muchos de nuestros clientes ignoran la diferencia entre traducción e interpretación y a menudo asumen que ambos servicios lo puede hacer un mismo profesional. ¡Ni mucho menos! La traducción es versar un texto a otro idioma pero escrito mientras que la interpretación es exclusivamente oral. Bien es cierto que ambas disciplinas tienen como objetivo plasmar un texto a otro idioma  (bien escrito, bien oral) pero la formación para realizar el trabajo es distinta en cada caso.

El traductor tiene una formación académica en lenguas y se va especializando según el ámbito (técnico, jurado, comercial..), deberá encontrar la terminología exacta en su idioma para traducir un texto de origen desde un idioma que dominará pero que no será su lengua madre. El resultado deberá ser un texto fluido, bien redactado como si se hubiese escrito directamente en el idioma de destino. Es importante pues que esa lengua de destino sea la lengua materna del traductor, y mejor aún si puede vivir en su propia área lingüística para no perder nada de la evolución del idioma.

El intérprete recibe una formación académica pero con muchas prácticas orales para formarse en cuanto a traducir hablando. Por muy bien que domine dos idiomas el intérprete necesita ejercitarse y formarse para acostumbrarse a oír el locutor e ir traduciendo. Es un trabajo que cansa mucho de allí que las clases prácticas son sumamente importantes para coger experiencia. Tendrá que enfrentarse a muchas especialidades, por lo que le convendrá consultar los glosarios y materiales que tendrá a mano antes de la interpretación.

 

En resumen la gran habilidad del traductor es saber escribir correctamente, tener un buen estilo, y saber escoger la terminología adecuada en caso de dudas. También deberá poseer unos conocimientos informáticos cada vez más avanzados. El trabajo del intérprete requiere tener agilidad verbal para pasar de un idioma a otro. Debe ser una persona abierta, sociable y que genere empatía en caso de problemas (horas adicionales imprevistas, problemas técnicos con el micro..) Debe poseer también buena memoria para memorizar el texto a traducir oralmente, no lo podrá apuntar. Por último, si tiene una voz clara y agradable es un punto a su favor.

Peligros de hacer una traducción uno mismo

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Con la llegada de la crisis en el 2008 no pocos clientes decidieron encargar los trabajos de traducción de su empresa a personas internas o incluso hacerlos ellos mismos. Eso se concretó en un sinfín de problemas para muchos al no tener la preparación adecuada y desconocer los pormenores de una profesión que exige dedicación y experiencia. La mayoría han vuelto a trabajar con sus proveedores habituales. Pero ¿cuáles son los riesgos de hacer una traducción uno mismo?

  • Primero se pierde mucho tiempo. Al no estar uno acostumbrado a redactar y a traducir a otro idioma tarda mucho más que un traductor acostumbrado a hacerlo ocho horas al día. Todo este tiempo perdido se podría emplear para hacer otras tareas necesarias en la propia empresa. O sea lo que se ahorra por un lado se pierde por otro.
  • No siempre la lengua traducida es la lengua materna de uno, por lo tanto hay un problema de desconocimiento lingüístico para poder efectuar una traducción de calidad. El resultado será un patchwork literal.
  • Si se contrata a una persona para efectuar la tarea de traducción en la propia empresa, pues la verdad no sale a cuenta por los costes laborales, es preferible trabajar con una empresa externa de traducciones que factura por palabra pero sólo cuando se requieren sus servicios.
  • La traducción final será la imagen de su empresa al mundo exterior por lo tanto es importantísimo cuidarla. Hacer la traducción uno mismo no es la mejor manera la verdad, mejor confiar el trabajo a unos profesionales.

Ya conocemos el refrán “quién mucho abarca, poco aprieta”: querer hacer un trabajo que no corresponde a nuestra capacidad es de alto riesgo, especialmente cuando nuestra imagen está en juego. Como siempre decimos para abaratar costes la mejor manera es reducir el tamaño de los textos a traducir. La gente suele ser prolija y se repite muchas veces cuando escribe, hacer un resumen viene a ser la mejor manera de disminuir el precio final de la traducción, sin olvidar que el lector siempre prefiere leer textos cortos que largas frases.

 

Quiero una traducción de calidad

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Es evidente que los clientes que nos encargan un pedido exigirán una traducción profesional y de calidad, pero ¿qué significa exactamente “una traducción de calidad”? o mejor dicho ¿qué esperan nuestros clientes de nosotros?. Para algunos la calidad se refiere a la rapidez en la entrega, para otros en la exactitud de la terminología, o también en un estilo que no sea nada literal. Podemos resumir los puntos siguientes como partes del estándar de calidad de un buen servicio de traducciones:

  • Entender bien el tono general del texto.
  • Que el propio traductor sea nativo y viva en su propio país para mantener un nivel de lengua actual.
  • No se debe hacer una traducción literal, la estructura oracional no debe ser calcada del idioma de origen. Para ello conviene leer cada frase entera antes de traducirla.
  • Utilizar correctamente la puntuación.
  • No dejar ninguna falta de ortografía o de gramática. Pasar el corrector antes de entregar su trabajo a la agencia de traducciones.
  • Revisar su traducción y chequear con atención los números o nombres propios que puedan haber.
  • Mantener el mismo diseño que el original: a veces hay más palabras en el idioma de destino y conviene utilizar una fuente más pequeña o retocar el texto.
  • Mantener un estilo de redacción adecuado al texto original.
  • Entregar su trabajo a la hora prevista, es decir ser puntual.

Podemos decir que cumpliendo todos estos puntos se entrega un trabajo de calidad, que nos permitirá fidelizar al cliente si se asocia a un buen servicio postventa (cambios de última hora, trozos de texto adicionales..).

Más información en:

http://www.open-idiomes.cat

Cualidades básicas de un buen traductor

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Traductores hay muchos, pero buenos pocos. Para cualquier empresa de traducciones contratar al mejor profesional no siempre es tarea fácil, hay que saber establecer los criterios que permitirán filtrar al mejor profesional que nos dará el mejor servicio de cara a nuestros clientes.

Pero, ¿qué es un traductor?

Pues alguien con licencia en traducciones, o estudios superiores universitarios similares, con inquietudes por los idiomas y que domina una lengua extranjera A (que será la lengua fuente del texto a traducir) para versar en su propio idioma B (lengua materna). Por supuesto que ese idioma B debe ser de alta calidad , conociendo toda la gramática y reglas ortográficas pero también dominando un estilo de redacción claro y limpio y demostrando estar al día de la evolución del idioma. Por eso siempre es altamente recomendable que el propio traductor viva en su propia área geográfica para no perder ninguna novedad lingüística de su idioma materno. Nunca hay que olvidar que el idioma que se estudiará en la Universidad será el idioma de origen, pero nunca el idioma al que se traducirá.

Evitar ser literal 

Un buen traductor lee primero la frase entera antes de traducirla, en caso contrario si va traduciendo conforme va leyendo lo que hará será una traducción literal, calcada del texto A. Este aspecto es motivo de quejas de muchos clientes hoy en día, según un sondeo de la agencia Sofprex. Nuestros clientes esperan un texto redactado con fluidez como si la traducción fuera la versión escrita de primera mano, díganos que el lector no debe tener la sensación que se trata de un texto traducido.

Ojo con la puntuación

Ese es un aspecto que demasiadas veces se pasa por alto pero la puntuación es muy importante. Un traductor profesional debe conocer las reglas de mayúsculas, signos de puntuación, reglas ortotipográficas…el traductor siempre debe actualizar sus conocimientos, un poco como un médico, no olvidemos que la lengua no es fija sino evoluciona con el tiempo.

Revisar sus trabajos

Último aspecto pero importantísimo, el traductor debe revisar todos sus trabajos antes de enviarlos a la agencia de traducciones, asimismo debe haber pasado el corrector para asegurar que no quede ningún error ortográfico. La propia agencia hará ella misma su chequeo pero es primordial que el traductor haga el suyo.

En resumen, un buen traductor debe demostrar su capacidad a nivel de traducción y redacción pero también que sigue un proceso de trabajo profesional desde el principio hasta el fin, respondiendo a preguntas posventas por ejemplo.

Necesito traducir un archivo en Indesign

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La tecnología va avanzando y los traductores se tienen que adaptar y utilizar los nuevos programas que no siempre son de tratamiento de texto, como por ejemplo Indesign que es un programa de diseño para maquetadores. Pero nuestros clientes los vienen utilizando para crear folletos, notas de prensa o catálogos. Entonces resulta evidente que es más práctico y menos costoso hacer directamente la traducción con el programa que traducir con Word, luego maquetar en este caso en Indesign y luego revisar que el texto esté bien introducido sin errores. Indesign es efectivamente uno de esos programas de moda que permite a los maquetistas hacer todo tipo de folletos, catálogos para su empresa. La dificultad es que el archivo principal de extensión .indd o .idml contiene todo el documento con toda su estructura. Es importante averiguar antes de empezar que disponemos de las mismas fuentes que aquellas utilizas para crear el documento de origen sino se podría ver afectado el resultado final.

La ventaja de Indesign es que se puede utilizar con una herramienta de memoria de traducción como Trados, importamos el archivo IDML desde Trados y traducimos el texto como habitualmente. Siempre va bien tener a mano una versión en PDF para observar los gráficos e imágenes mientras vamos traduciendo, porque Trados no tiene layout gráfico. Esa versión PDF se exporta desde Indesign mismo. Luego, una vez acabada la traducción se exporta al mismo formato IDML que permitirá al cliente incorporarlo a Indesign conservando el mismo formato. Lo único, siempre hay que retocar un poco los espacios cuando se traduce a un idioma que tiene más palabras que el original, por ejemplo del inglés al castellano. En este caso el texto traducido ocupará más espacio y habrá que adaptar las cajas de texto disminuyendo el tamaño de la fuente por ejemplo, pero es un trabajo menor comparando con el hecho de colocar todo el texto. La última fase, la revisión: se hace una vez maquetado el documento traducido en Indesign y se exporta una versión PDF para que el lingüista eche un vistazo y vea que toda su traducción se ha colocado correctamente y que no falte ninguna letra, como por ejemplo al principio o al final de las frases, como ocurre a veces cuando se tiene que reajustar el texto por cuestión de tamaño.

¡Está claro, el futuro está aquí!, nos tendremos que adaptar a los nuevos programas que salen al mercado y que facilitan la tarea al maquetador. Menos trabajo para el cliente supondrá unos conocimientos adicionales necesarios por parte del traductor, eso sí.