El Gestor de proyectos

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El gestor de proyectos es una figura sumamente importante en una empresa de traducciones que se esfuerza en ofrecer calidad a sus clientes. Su responsabilidad será la de encargarse de los diferentes proyectos enviados por los clientes y seleccionar al traductor idóneo en función de la especialización del texto. En definitiva será el enlace permanente entre quién pide la traducción (el cliente) y quién la está haciendo (el traductor).
¿En qué consiste su trabajo?
  • Recibe los pedidos.
  • Se encarga de hacer los presupuestos.
  • Busca las memorias de traducción de cada cliente para reutilizar el mismo vocabulario.
  • Envía las instrucciones al/ a los traductor/es.
  • Controla los timings para una entrega puntual.
  • Selecciona al traductor idóneo.
  • Analiza las preguntas del traductor, las responde y envía las dudas al cliente.
  • Envía la traducción a revisar como etapa final.
  • Recepciona y archiva la memoria de traducción creada.
  • Revisa el formato final.
  • Envía la traducción al cliente y el conteo al departamente contabilidad.
  • Se encarga de la etapa post venta si es necesario.
En definitiva, el gestor de proyectos es una persona insustituible en una agencia de traducciones. Su labor es constante y permite entregar un trabajo de calidad.
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¿Qué es una transcripción?

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Muchas veces, personas del mundo empresarial asisten a reuniones cuyo contenido quieren recordar o analizar, u otras veces se hacen reuniones de marketing sobre un producto concreto y los analistas necesitan disecar cada una de las reflexiones de los asistentes. Entonces se nos pide una transcripción de dicha reunión. Pero ¿qué es exactamente una transcripción? Pues, consiste en grabar la reunión en una cinta o dispositivo en formato MP3 y luego un traductor irá escuchando esa cinta y la transcribirá, es decir escribirá lo que va oyendo. Es un trabajo lento porque muchas veces nos paramos al hablar, se solapan voces entonces hay que ir para atrás para rebobinar o volver a escuchar una parte concreta del audio. En Open Idiomes consideramos que un audio de una hora requiere unas cinco horas de trabajo. Por supuesto, se puede hacer la transcripción directa , es decir redactar en el mismo idioma que el audio, o indirecta es decir ir traduciendo directamente conforme se va escuchando.

Solemos dar unos consejos a nuestros clientes a la hora de encargar una transcripción:

– pedir al locutor/a los locutores que hablen lo más claro posible y con una voz suficientemente alta.
– pedirles que vayan haciendo pausas, no hablar demasiado rápido.
– pedir a los asistentes que, en la medida de lo posible, no hablen todos a la vez. Sino a veces no se puede entender y hay trozos inaudibles.
– colocar la grabadora cerca del micro para captar mejor el sonido, pero no demasiado cerca para no oír ruidos que distorsionan la voz del locutor. De todas formas siempre recomendamos hacer una prueba de grabación antes de empezar y escuchar para asegurarse que se distingue bien el locutor y que no se oyen ruidos de fondo.
– Y, por último, dejarnos el tiempo suficiente para transcribir porque, como hemos dicho anteriormente, es un trabajo que requiere su tiempo.

http://www.open-idiomes.es/transcripción.html

Revisión y corrección de textos

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Ya se sabe, con la crisis mucha gente universitaria se fue unos años a otros país bien para acabar sus estudios mediante el programa Erasmus bien para trabajar unos años buscando una mejor situación profesional. No cabe duda que son gente muy bien preparada y que al pasar una larga temporada al extranjero acaban dominando aquel idioma del país donde han vivido unos años. Sin embargo, de ahí a poder redactar en esa lengua como un profesional nativo hay mucha distancia. Por eso muchos de nuestros clientes deciden a veces redactar ellos mismos un informe, un escrito, un folleto o cualquier documento profesional. No obstante, son conscientes de sus límites y antes de llevarlo a publicar o para presentarlo en público nos los envían para que lo revisemos.

¿En qué consiste la revisión de un documento profesional?
Es evidente que no podemos alterar lo que dice el texto y que muchas veces tampoco disponemos de un original porque el documento se ha redactado directamente en la otra lengua. Nuestro trabajo consiste básicamente en:
corregir las faltas de ortografía y de gramática que puedan haber a lo largo del texto.
revisar la puntuación que suele ser un aspecto poco tenido en cuenta pero que es muy importante para el futuro lector.
corregir el estilo para que fluya y que sea adaptado al tipo de documento que tenemos y al público al que va dirigido.
Suprimir los hispanismos y expresiones malsonantes inevitables para un no-nativo yredactarlo con la sintaxis correcta.
En resumen, sólo un profesional nativo puede encargarse de una revisión de texto, al dominar él todos los entresijos de su propio idioma. En Open Idiomes hacemos muchas correcciones de estilo en cualquier lengua incluido castellano o catalán.
Los CV, cartas de restaurantes, folletos, anuncios publicitarios, etc., son algunos de los documentos que nos suelen enviar a revisar.
¡No publique un texto antes de llevarlo a revisar, su imagen está en juego!
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Traducir un menú de restaurante

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Aquí estamos hablando de uno de los ámbitos más difíciles de traducir, y aunque no se considera propiamente dicho un lenguaje técnico da mucha dificultad a los traductores. Efectivamente, se trata de plasmar en otro idioma la traducción de un plato y que el cliente entienda perfectamente de qué estamos hablando. Pero, ahí está la dificultad, cada país tiene una gastronomía diferente. Huelga decir que platos internacionales como la paella, el risotto, el cuscús no tienen traducción porque se han hecho internacionales. Pero ¿qué pasa con comida que es típica de un país y que no existe en otro? Por ejemplo si nos encontramos con una zarzuela, unos pimientos del Padrón, unas papas arrugadas…no se puede dejar esas palabras sin traducir en un menú porque los clientes preguntarán qué es (a pesar de que muchas veces lo dejan así, de hecho las cartas de restaurantesquizás son los documentos peor traducidos si comparamos con otro sector). Consideramos que la mejor opción es dejar el nombre original y poner entre paréntesis una explicación en cada idioma para que los clientes entiendan qué plato se les ofrece.
Otra dificultad estriba en los pasteles que suelen ser también muy diferentes según el país. Aproximarse a un postre parecido no es la mejor opción, repetimos el cliente tiene que tener claro qué es lo que se le propone en la carta. Por lo tanto es importante que lo traduzca un traductor profesional que ha vivido en el entorno geográfico del propio restaurante, o que tenga altos conocimientos de esa gastronomía.
Siempre son pedidos no  muy extensos con palabras que se repiten a veces pero que requieren mucho tiempo para crear un menú inteligible y exacto. Y no olvide que un menú bien traducido resultará fundamental a la hora de atraer a los clientes. En Open Idiomes tenemos amplia experiencia en traducciones de menús para restaurantes, a lo largo de esos veinte años hemos colaborado con varios restaurantes de toda España.
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Ventajas de trabajar con traductores que viven en su propia área cultural.

Hoy en día, la mayoría de las agencias o empresas de traducciones, a parte del personal in-house es decir en plantilla, recurren a su staff de free-lance para aquellos idiomas menos solicitados. A partir de ahí se plantean dos opciones: o bien trabajar con traductores nativos profesionales que viven aquí en España o bien con profesionales pero que residen en su propia área cultural. Es decir, por ejemplo, para realizar una traducción de español a francés se contratará a un traductor francés nativo PERO viviendo en Francia. Luego la revisión se puede hacer internamente con la plantilla. Eso es, a nuestro parecer, la mejor opción para obtener un resultado con una calidad óptima, sin  querer menospreciar a nadie por supuesto. Pero, claro, las ventajas para el traductor que reside en su propio país son muchas: está muy al día del vocabulario y de los giros más actuales, y a nivel de estilo o sintaxis se nota mucho. Aquí en Open Idiomes hemos notado que un traductor que vive en su área cultural no traduce literal, las frases no son calcadas del idioma fuente sino que se estructuran a partir del idioma de destino, aquel en que piensa el traductor. Porque claro, un traductor nativo, con el tiempo, puede pensar en otro idioma, especialmente en el idioma del país donde vive. Imaginémonos si tiene familia y lleva años viviendo en España por ejemplo, no estar conectado cada día o varios meses al año con su proprio idioma también incide en la calidad del trabajo producido. Las lenguas son vivas y evolucionan, conviene estar en contacto con ellas día a día para no perder los matices.
Traducir tiene un coste para las empresas y es necesario tener una calidad óptima para poder rentabilizar este gasto, sin olvidar que estará en juego la propia imagen de nuestro cliente.
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Una traducción = traducir + redactar

Una de las valoraciones por parte de los clientes hacia nuestro trabajo no se refiere sólo a la traducción que, se supone,  ha de ser perfecta, sino a otro aspecto que no hay que pasar por alto, me refiero a la redacción o el estilo si prefiere. Claro, traducir también es redactar y ahí sí que vemos diferencias entre traductores más expertos que otros para algunos ámbitos o sencillamente profesionales que tienen más facilidad a la hora de expresar las ideas. Una buena redacción supone una sintaxis que será por supuesto diferente de la frase original, motivo por el cual es necesario leer la frase entera antes de traducirla. Muchas veces hay que dar la vuelta a esta frase porque en nuestro idioma lo decimos así y no de otra manera. Es nada más que un ejemplo entre tantos que demuestra que una redacción acurada siempre recibirá una valoración positiva por parte del cliente. Huelga decir que revisar un texto mal redactado supone redactarlo de nuevo, no sólo se trata de cambiar 3 o 4 palabras, por ese motivo fijar un precio para una revisión siempre es tarea ardua porque no sólo depende de la exactitud de la traducción sino sobre todo de la calidad de redacción.

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El Traductor no es maquetador

Cada vez más los clientes nos encargan traducciones en formatos como Indesign, que está muy de moda porque es aquel que utilizan los maquetadores para crear sus folletos, flyers y otros documentos de comunicación. Claro, para nuestros clientes el ideal es sobrescribir el texto original colocando el texto traducido en su sitio y reajustando los espacios. Sin embargo, eso supone dedicar más tiempo al texto traducido y tener unos conocimientos en informática que el traductor no siempre tiene. No olvidemos que el traductor traduce, no maqueta el texto, que es una tarea que corresponde al maquetador. Word es la herramienta de tratamiento de texto más utilizada del mercado pero otros programas de diseño no son considerados softwares para escribir. Un texto complejo maquetado en Power Point por ejemplo requiere mucho tiempo a la hora de traducirlo, hay que entrar en cada “text box” , o casilla de texto, y eso ralentiza el proceso, y no olvidemos que la traducción se cobra por palabra. El ideal es que el cliente nos entregue los textos en Word y luego que esos textos se vuelquen al programa de diseño (Indesign, webs…) siendo la etapa final la de revisión del texto maquetado por parte del traductor. La empresa de traducción y el cliente tienen que abordar este aspecto para obtener un resultado final óptimo.

Free-lance vs. Agencia de traducción

Para los clientes es la pregunta del millón. Las empresas suelen buscar la rentabilidad y los precios más baratos, por lo que tienen tendencia en dirigirse hacia los free-lance. Pero tiene inconvenientes: éstos no siempre están disponibles, no hay ningún otro traductor que revisa sus trabajos, y su especialidad es limitada. En cambio si la empresa necesita traducciones urgentes, que sean revisadas por otro experto para publicarlas o si se tiene que encargar un proyecto multilingüe no cabe duda que las agencias de traducciones son el recurso imprescindible. Una agencia utiliza herramientas de TM como Trados o Deja Vu y exporta las memorias para que sus equipos de traductores las utilicen y entreguen traducciones homogéneas en cuanto a terminología y estilo.  En resumen, cada cliente tiene que analizar sus necesidades, si no hay prisa un traductor free lance puede convenir sobre todo si el cliente puede echar un vistazo al documento final. Pero sólo una agencia de traducciones podrá ser muy reactiva ante emergencias y controlar procesos lentos que implican una relación constante cliente-proveedor.